
Los hyperbóreos eran delgados, huesudos y extraordinariamente altos - medían hasta dos metros de altura -, de piel lechosa y pelo descolorido, con ojos verdes. El pueblo llano era muy supersticioso y habitaba en chozas y cabañas fuera de los muros, donde vivía miserablemente cultivando la árida tierra y cuidando pequeños rebaños de ganado vacuno y algunos renos.
Las antiguas fortalezas de piedra, como Sigtoma y Pohiola, se conservaban bien en ellas residían los barones y magos. Estos últimos constituían la verdadera fuerza política del país y aterrorizaban a la temerosa plebe por medio de la magia negra, los asesinatos rituales y los llamado "La Mano Blanca" o "Los Brujos de Hyperbórea", adorada fanáticamente a una vieja bruja a la que tenía por reina-sacerdotisa y encarnación de la Diosa de la Muerte. En nombre de ella, asesinos vestidos de negro, considerados como los mejores guerreros del mundo, recorrían la tierra como sombras matando con varas mágicas de madera y platino que no dejaban ninguna marca en la piel. Además de la caterva de magos, Hyperbórea albergaba varias bandas de rudos traficantes de esclavos que hacían repetidas incursiones en Cimmeria para llenar sus corrales de bárbaros musculosos, y de ahí el odio a muerte que Cimmeria profesaba a Hyperbórea desde tiempos inmemoriales.